La distribución inicial presentaba varios desafíos. En primer lugar, tenía un largo pasillo que le restaba mucha funcionalidad a la vivienda. Además, era muy notorio el desequilibrio que había entre los espacios, ya que contaba con un salón muy amplio, pero una cocina demasiado pequeña. Para resolver estos problemas, decidimos abrir la cocina hacia el salón, creando así un espacio fluido que eliminara la sensación de confinamiento y aportara mayor amplitud visual a toda la vivienda.
No obstante, con el diseño no solo buscábamos maximizar la funcionalidad, sino también integrar detalles que le añadieran personalidad. Para ello, incorporamos pilares de madera maciza que ayudaron a separar, de forma muy sutil y elegante, la cocina del salón. De esta manera, aportamos calidez y una sensación de conexión con la naturaleza a todo el espacio, creando así una atmósfera muy relajante y acogedora.